El jueves y el viernes por la mañana todo siguió como siempre en el trabajo.
El viernes por la tarde no salí y me quedé tranquilo.
El sábado vi una ruta hasta un lago cerca de Vicenza, así que decidí ir. Al final no llegué porque me entretuve intentando colarme en un castillo que vi a lo lejos (spoiler: no se podía entrar). Aun así, me quedó pendiente volver para intentar llegar al lago.
El domingo fue bastante intenso. Como me había gustado la experiencia de viajar solo, decidí ir a Bolonia por mi cuenta. Al principio la ciudad me pareció muy bonita, pero luego el autobús empezó a retrasarse: primero una hora, después dos horas y veinte. Al comprobar la ubicación vi que estaba parado en Nápoles.
Al no tener solución rápida, compré un billete de tren para volver a Vicenza, pedí la devolución del bus y del transporte alternativo, y conseguí volver a casa. Justo al llegar me encontré con la nueva compañera de piso.
El lunes, martes y miércoles siguientes todo volvió a la rutina habitual de trabajo y vida diaria

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