El lunes, martes y miércoles fueron como siempre: trabajo por la mañana y una rutina bastante tranquila el resto del día. Entre semana ya tengo todo bastante interiorizado, así que no hubo nada especialmente destacable más allá de lo habitual.
El jueves por la tarde fui a comprar algunas cosas que necesitaba y aproveché para dar una vuelta, pero fue un día bastante normal, sin mucha historia.
El viernes, como era festivo, aproveché para hacer algo diferente y me fui al Lago de Garda, que está en la provincia de Verona, a unos 55 minutos de Vicenza. Es un sitio bastante famoso y tenía ganas de verlo, sobre todo porque hay zonas donde te puedes bañar. Al llegar estuve un rato tranquilo tomando el sol y disfrutando del ambiente. Después, decidí meterme al agua… y estaba congelada. Aun así, lo peor no fue el frío, sino que los patos del lago resultaron ser bastante poco amigables. En resumen, uno de ellos se me acercó demasiado y acabé teniendo un pequeño “enfrentamiento” con un pato. Una situación bastante surrealista, pero graciosa, vista después.
El sábado por la mañana me quedé en casa descansando, ya que el día anterior había sido movido. Por la noche sí que salí, porque el viernes me encontré con un amigo que hice de fiesta y me convenció para volver a salir. Al final mereció la pena, ya que me lo pasé muy bien y la noche terminó con alguna anécdota más para añadir a la colección.
El domingo fue un día completamente tranquilo. Me quedé en casa prácticamente todo el día, descansando, comiendo y recuperando energía para empezar otra semana.
En general, ha sido una semana bastante equilibrada entre rutina y algún plan diferente, con momentos tranquilos entre semana y experiencias más movidas el fin de semana.

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